Halloween party ideas 2015


El cuerpo humano está lleno de parásitos, insectos y animalitos que se meten a vivir dentro y de el... Es una cosa de miedo y más cuando veas la clase de criaturas que traemos cargando con nosotros todos los días. Es bueno desparasitarse de vez en cuando porque es lo único que nos va a eliminar estos bichos, y también ir al doctor cuando notemos algo extraño o desbalanceado en nuestro organismo.

Estos son 10 animales que viven dentro de nuestro cuerpo y se comen todo lo que desechamos.

1. 25 cucarachas en el oído


Un joven en China, despertó un día con un dolor muy fuerte en el oído. El joven fue al doctor porque el dolor era insoportable, y descubrieron que dentro tenía cucarachas. Sacaron una por una y fueron 25 en total. Tuvieron que hacer un lavado intenso para que se deshicieran de los huevecillos.

2. Un pez en el pulmón


En la india un niño de apenas 10 años, se metió a nadar al río y por accidente un pequeño pez se le metió en la nariz. El pez se le fue a los pulmones y se quedó ahí, produciéndole una dificultad al niño para respirar. Fue trasladado al hospital y los médicos tuvieron que removerle el pez por cirugía… Cuando se lo sacaron, el animalito seguía vivo.

3. Araña en el oído


Sabemos que los chinos no son los seres más higiénicos del mundo y que viven en condiciones muy extrañas. Un hombre tenía un fuerte dolor en el oído y escuchaba cosas bastante escalofriantes, hasta pensó que era un demonio que lo estaba poseyendo… Cuando fue al doctor, se dio cuenta que solo se trataba de una araña que había hecho su nido muy dentro del oído del señor.



4. Larvas en la cabeza


Después de no haberse bañado por un largo periodo de semanas, una persona americana empezaba a sangrar sin explicación de la cabeza, a tener un ardor insoportable y una fuerte comezón… Cuando revisaron su cráneo, se dieron cuenta que tenía  larvas de moscas invadiendo todo su cuero cabelludo.

5. Pez en la vejiga


Meterse a nadar a un río puede ser más peligroso de lo que te imaginas… Este pez suele ser atraído por la orina, así que suele hospedarse en el conducto o en la vejiga. Esto le pasó a un niño americano que nadaba en los ríos de agua dulce… Tuvo que ser sometido a cirugía para podérselo remover.

6. Gusanos carnívoros


Durante sus vacaciones en Latinoamérica, una mujer inglesa contrajo una infección severa de gusanos. Ella ya había regresado a su país cuando empezó con los dolores en el oído y acudió al doctor, desafortunadamente los gusanos ya habían comido parte del oído interno de la mujer, que ya no podrá recuperar.



7. Gusanos en el ojo


Este tipo de gusanos son muy comunes en climas húmedos. Esta es una lombriz que tiene como destino depositarse en el cerebro de un ser vivo y quedarse ahí. Por lo regular se adentra por los poros de la piel… Afortunadamente este hombre lo detectó en su ojo, cuando estaba buscando su camino, y pudo ir a que se la extirparán antes de que llegará al cerebro.

8. Crías de calamar


Una mujer estaba comiendo un calamar en un restaurante coreano, y resultó que el calamar no fue cocido con propiedad. Así que el calamar, estando ya muerto, traía varías de sus crías en el vientre que cuando la mujer los masticó, estas quedaron en su boca…

9. Solitarias de 6 metros


Estos parásitos se conocen porque pueden crecer tanto, que llegan a ocupar toda la longitud del intestino y parte del estómago. Un hombre fue diagnosticado con anemia y  al preguntarle por su alimentación, dijo que era muy buena y nutritiva, por lo que los doctores no lo pudieron creer… Después de unos estudios, se dieron cuenta que traía una solitaria de 6 metros robándole todos los nutrientes…

10. Sanguijuela en la nariz


Otra mujer inglesa que se infecta de parásitos en un viaje, esta vez fue en Tailandia. Ella presentaba sangrados nasales sin explicación, hasta que un día decidió acudir a su médico para que la revisara… Encontraron una sanguijuela almacenada dentro de su nariz viviendo de la sangre de la mujer.

Tortuga




Entre las curiosidades de Birmania (Myanmar) se encuentra la tortuga trivittata Batagur también conocida como tortuga techada birmana, la cual es muy llamativa por su su simpática fisonomía facial. Pertenece a la familia Geoemydidae y se la creyó extinta durante décadas hasta su redescubrimiento en el año 2002.
Sigue siendo muy extraña su manifestación en la naturaleza, pero un proyecto de conservación ha sido un éxito y varios cientos de la especie se mantienen vivas en los Jardines Zoológicos Yadanabon en Mandalay y un centro de conservación de las tortugas en Lawkananda Park, Bagan. Una curiosidad de este especie ha sido la aparición de un ejemplar en 2007 en Qingping, mercado de Guangzhou, China.
Curiosidades relacionadas: La curiosa tortuga albina de Sri LankaSolitario Jorge, el último ejemplar de tortuga gigante nativo de las Islas Galápagos, La Tortuga Albina (Pelodiscus sinensis albina), La tortuga más rara y más grande del Mundo.


El caso de Antonio Villa Boas, es el primer caso de abducción registrado, en donde el testigo es tomado por la fuerza en contra de su voluntad y llevado a un objeto volador no identificado para ser sometido a diferentes pruebas y experimentos.


Es un caso que dio lugar a infinitas especulaciones, las mas obvia de las cuales, fue la sugerencia de que  Villa Boas, había sido víctima de una fantasía erótica. Cualquiera que sea la realidad, Villas Boas nunca se retractó de lo dicho, a pesar de sentirse a veces molesto por la forma en que su experiencia fue explotada por los medios de comunicación (el encuentro llegó a ser el tema central de una tira cómica francesa) y, a lo largo de los años, su relato no incurrió jamás en contradicciones. Hoy, mas de 50 años después, constituye uno de los misterios mas grandes de todo el fenómeno OVNI.

La historia

El 22 de febrero de 1.958 por la tarde, en Río de Janeiro, en el consultorio del doctor Fontes y en presencia del periodista Joao Martín, en calidad de testigo, Antonio Villas Boas hizo la siguiente declaración:

Me llamo Antonio Villas Boas, tengo veintitrés años y soy agricultor. Vivo con mi familia en una granja de nuestra propiedad. Está situada cerca de la ciudad de Sao Francisco de Sales, en el Estado de Minas Gerais, cerca de la frontera con el Estado de Sao Paulo. Tengo dos hermanos y tres hermanas, todos los cuales habitan en la misma región; otros dos hermanos murieron. Todos los hombres de la familia trabajan en la granja. Tenemos muchos campos que cultivar. 

Para la labranza tenemos un tractor de gasolina, marca Internacional que utilizamos en dos turnos cuando hay que arar. Durante el día, lo manejan los jornaleros y, por la noche, suelo utilizarlo . Soy soltero y gozo de salud, trabajo mucho, sigo cursos a distancia y estudio cuando puedo. Para mi ha sido un sacrificio venir a Río, ya que hago mucha falta en casa. Pero pensé que era mi deber informar de los extraños sucesos en los que me he visto envuelto. Haré todo lo que ustedes crean oportuno, señores, y estoy dispuesto a declarar ante las autoridades civiles o militares.

Todo empezó la noche del 5 de octubre de 1.952, habíamos tenido visitas y no nos acostamos hasta eso de las 11, mucho más tarde de lo normal. En la habitación estábamos mi hermano Joao y yo, hacía mucho calor y abrí las ventanas que dan al patio; entonces, en medio del patio, vi un gran resplandor que iluminaba todo el suelo. Era mucho más intenso que la luz de la Luna y no conseguía ver de dónde venía, pero tenía que proceder de arriba; era como si unos focos dirigidos hacia abajo lo iluminaran todo. 

Pero en el cielo no se veía nada, llamé a mi hermano y le hice mirar; pero él nunca pierde la calma y me dijo que sería mejor dormir. Cerré la ventana y nos acostamos otra vez. Pero yo no podía dormir, la curiosidad me martirizaba; volví a levantarme y abrí la ventana. La luz seguía en el mismo sitio. Yo me quedé mirando afuera y de pronto se movió hacia mi ventana. Asustado, cerré de golpe con tanto ruido que mi hermano se despertó. Juntos, en la habitación oscura, seguimos la trayectoria de la luz que se filtraba por las rendijas de los postigos en dirección al techo y, luego, por entre las tejas (Las casas de campo brasileñas, a causa del calor tienen ventanas que llegan hasta el techo y, para conseguir una mejor ventilación, carecen de cielo raso). Al fin, la luz desapareció definitivamente.

El 14 de octubre ocurrió el segundo incidente. Serían entre las 9,30 y las 10 de la noche, no lo sé con exactitud, ya que no llevaba reloj. Yo estaba trabajando en el campo con el tractor y con mi otro hermano. De pronto, vimos una luz muy fuerte, tanto, que dolían los ojos al mirarla. Al principio, era redonda y del tamaño de una rueda de coche y estaba en el extremo norte del campo era muy roja e iluminaba una gran extensión.

Dentro de la luz había algo, pero no puedo decir con seguridad lo que era porque estaba casi cegado. Le pedí a mi hermano que me acompañara a explorar. El se negó y fui yo solo. Cuando me acerqué, la cosa se movió bruscamente con enorme velocidad y se situó en el extremo sur del campo, donde se quedó quieta. Corrí hacía ella y repitió la misma maniobra. 

Esta vez, volvió a su posición anterior. Lo intenté de nuevo y la maniobra se repitió veinte veces. Al fin me cansé y regresé donde estaba mi hermano. La luz permaneció en el mismo sitio sin moverse. De vez en cuando, parecía despedir rayos en todas direcciones, como los del sol poniente.
De todos modos, no estoy seguro de si todo ocurrió realmente así, ya que no sé si estuve mirando ininterrumpidamente en la misma dirección. Quizás aparté la mirada un momento y entonces se elevó rápidamente y había desaparecido cuando volví a mirar.

Al día siguiente, 15 de octubre, estaba trabajando en el mismo campo con el tractor yo solo. La noche era fresca y el cielo estaba estrellado; exactamente a la 1, vi una estrella roja muy brillante. Enseguida me di cuenta de que no era una estrella, ya que aumentaba de tamaño, como si se acercara. A los pocos instantes, vi que era un objeto de forma ovalada que se acercaba velozmente. tan aprisa venía que, antes que pudiera pensar en lo que iba a hacer, estaba encima del tractor. 

De pronto, el objeto se paro a unos 50 m, encima de mi cabeza. El tractor y el campo estaban tan iluminados como si fuera de día. El resplandor de los faros del tractor quedaba totalmente anulado por aquella brillante luz roja. Yo tenía mucho miedo al no poder imaginar lo que era. De buena gana me hubiera alejado de mi tractor, pero éste era tan lento comparado con el objeto que comprendí que sería inútil. De haber saltado del tractor para salir corriendo hubiera podido romperme una pierna en el campo recién arado.

Mientras yo dudaba y reflexionaba, durante tal vez un par de minutos, el objeto volvió a moverse y se paró a unos 10 o 15 m. delante del tractor. Luego, descendió lentamente al suelo y fue acercándose hasta que pude distinguir una extraña máquina casi redonda rodeada de lucecitas rojas ; frente a mi había un gran foco rojo, el que me había cegado cuando el objeto descendió. Entonces vi claramente la forma de la máquina. Parecía un huevo alargado con tres antenas en la parte delantera, una en el centro y una a cada lado. Eran unas barras metálicas anchas en su base y acabadas en punta. No se distinguían los colores, ya que la maquina estaba envuelta en una luz roja. Encima giraba muy rapidamente algo que desprendía también una luz fluorescente rojiza.

En el momento en que la maquina aminoró la velocidad para aterrizar, cambió la luz, a medida que disminuían las revoluciones de la pieza giratoria, a verdosa ‑o así me lo pareció. Aquella pieza giratoria parecía entonces un plato o una cúpula achatada. No sé si era este realmente su aspecto o si la impresión era provocada por el movimiento. La pieza no se detuvo ni un segundo, ni siquiera después de que el objeto aterrizara.

Naturalmente, la mayoría de los detalles no los vi hasta después, ya que al principio estaba tan asombrado que no me enteraba de nada. Cuando, a pocos metros del suelo, aparecieron en la parte inferior del objeto tres soportes metálicos, como un trípode, yo acabé de perder la serenidad. Evidentemente, aquel trípode era lo que soportaba el peso de la máquina durante el aterrizaje. Pero no iba a esperar a que aterrizara. El motor del tractor estaba en marcha. Di gas y traté de escapar sorteando el objeto. Pero al cabo de un par de minutos el motor se paró y se apagaron los faros. No sé por qué, pues el contacto estaba dado y las luces, encendidas. Conecté el motor de arranque, pero fue inútil.

Entonces, salté al suelo por el lado contrario al del objeto y eché a correr. Pero ya era tarde pues a los pocos pasos me cogió del brazo un pequeño ser vestido de un modo extraño que me llegaba por el hombro. Yo, desesperado, me revolví y le di un empujón que le hizo caer al suelo de espaldas. Traté de escapar pero en el mismo instante otros tres seres desconocidos me saltaron encima por los lados y la espalda y me levantaron sujetándome por brazos y piernas sin que pudiera soltarme. Yo me debatía pero ellos me tenían bien agarrado. 

Entonces pedí socorro a gritos y empece a insultarles. Al parecer, mis voces les sorprendieron o excitaron su curiosidad, porque, mientras me llevaban hacia el aparato, cada vez que yo gritaba ellos se paraban y me miraban fijamente a la cara, pero sin dejar de sujetarme con fuerza. Eso me permitió imaginar cuál debía ser su interés por mí y me sentí un poco aliviado.

Me llevaron al aparato que había quedado a unos diez metros del suelo, apoyado en su pie metálico. En la parte de atrás había una puerta que se abría de arriba a abajo, formando una especie de rampa. En su extremo había una escalera de metal. Era del mismo material plateado de las paredes de la máquina y llegaba hasta el suelo. Les costó mucho trabajo a los desconocidos subirme por la escala, en la que apenas cabían dos personas de lado.

Ademas, la escalera no era rígida sino elástica y se tambaleaba violentamente a causa de los esfuerzos que hacía por desasirme. A uno y otro lado había un pasamanos de un espesor de un mango de escoba al que yo me agarraba con fuerza para impedir que me subieran al aparato. Por ello, los desconocidos tenían que detenerse a cada momento para soltar mis manos de la barandilla. Esta también era elástica. Después, cuando bajé, me pareció que estaba formada por piezas insertas unas en otras.

Por fin consiguieron subirme y me llevaron a una pequeña habitación cuadrada. La luz que despedía el techo se reflejaba en las pulimentadas paredes metálicas y procedía de multitud de lámparas colocadas alrededor del techo. Me dejaron en el suelo y se cerró la puerta, con la escalerilla replegada. La habitación estaba tan iluminada que parecía de día; pero ni siquiera con aquella luz se veía dónde estaba la puerta, ya que ésta se había cerrado sin la menor fisura, quedando perfectamente empotrada. Solo por la escalerilla metálica podía imaginarme dónde estaba.

Una de aquellas cinco personas señaló una puerta y me dio a entender que le siguiera a la otra habitación. Yo obedecía, ya que no tenía más remedio. Entramos todos en la habitación, que era mayor que la otra y tenía forma de medio ovalo. Sus paredes también eran brillantes. Creo que se encontraba en el centro de la nave, pues estaba atravesada de arriba a abajo por una columna redonda y robusta que se estrechaba por la mitad. No creo que estuviera allí solo de adorno. Supongo que servía para sostener el techo. En la habitación no había más muebles que una mesa y varias sillas giratorias de forma extraña, parecidas a nuestros taburetes de bar. Todo era del mismo metal. La mesa y las sillas no tenían mas que un pie central.

El de la mesa estaba clavado en el suelo y el de las sillas estaba unido por tres puntales a un aro móvil e hincado también en el suelo. De este modo, sus ocupantes podían volverse en todas direcciones. Aún me mantenían sujeto y parecían estar hablando de mi. Aunque digo que hablaban, los sonidos que yo oía no tenían el menor parecido con voces humanas. No sabría imitarlos. Al fin, parecieron ponerse de acuerdo. Entre los cinco empezaron a desnudarme. Yo me resistí gritando y jurando. Ellos se interrumpieron y trataron de darme a entender que sus intenciones eran amistosas. Me dejaron en cueros, aunque sin hacerme daño ni romperme la ropa.

Yo estaba desnudo y muy asustado, ya que no sabía que iban a hacer conmigo. Uno de ellos se me acerco trayendo algo en la mano. Debía de ser una especie de esponja empapada en un liquido con el que me frotó todo el cuerpo. Una esponja muy suave, no de esas corrientes de goma. El liquido era transparente y no tenía olor, pero era más denso que el agua. Al principio pensé que tal vez fuera aceite, pero no me dejó la piel grasienta. Mientras me frotaban el cuerpo, yo tiritaba de frío, pues, ademas de que la noche era fresca, la temperatura de la habitación era más baja que la del exterior. Por si no era bastante que me hubieran desnudado, ademas, me mojaban. Estaba helado. El líquido se secó enseguida sin dejar rastro.

Después, tres de ellos me condujeron a una puerta situada frente a la entrada de la nave. Uno tocó algo que había en el centro y la puerta se abrió hacía los lados, como la de un bar. Sus hojas llegaban desde el suelo hasta el techo. Encima había una inscripción con signos luminosos rojos. Por efecto de la luz, daba la impresión de que estaba en relieve, uno o dos centímetros sobre la puerta. No tenían el menor parecido con ninguna escritura que yo conozca. Traté de grabarlos en la memoria, pero después se me olvidaron.

Entré, pues, con dos de los hombres en una pequeña habitación cuadrada, iluminada como las otras dos. Nada mas entrar, la puerta se cerró a nuestra espalda. Cuando volví la cabeza, no pude distinguir dónde estaba la puerta; solo una pared como las otras.

De pronto, aquella pared volvió a abrirse y entraron otros dos hombres. Traían en la mano dos tubos de goma rojos, bastante gruesos, de más de un metro de largo. Uno de los tubos estaba conectado por un extremo a un recipiente de cristal en forma de copa. En el otro extremo había una boquilla con aspecto de ventosa. Me la aplicaron a la barbilla, aquí, donde me ha quedado esta mancha oscura. Antes de empezar, el hombre oprimió la goma con la mano como para sacar el aire. Al principio, no sentí ni dolor ni cosquilleo; solo un tirón en la piel. Luego, empezó a quemarme y a latir y al fin me di cuenta de que tenía una herida.

Cuando me hubieron aplicado el tubo de goma, vi que la copa se llenaba de sangre hasta la mitad. Entonces me quitaron la goma y me pusieron la otra al otro lado de la barbilla. Aquí pueden ver la señal, señores. Esta vez la copa se lleno hasta. el borde. También en este lado me ardía y palpitaba la herida. Los hombres salieron llevándose las copas. La puerta se cerro tras ellos y yo me quedé solo.
Durante un rato; más de medía hora, nadie se ocupó de mí. En la habitación no había mas que un ancho diván, no muy cómodo, pues estaba abombado en el centro, pero por lo menos era blando, como de gomaespuma y estaba cubierto de una gruesa tela gris muy suave.

Después de tantas emociones y esfuerzos, yo estaba muy cansado y me senté en el diván. En aquel momento, note un extraño olor muy desagradable. Me parecía estar respirando un humo denso y creí que me asfixiaba. Tal vez estuvieran asfixiándome realmente, pues, al observar detenidamente la pared, descubrí numerosos tubitos de metal situados a la altura de la cabeza, cerrados por el extremo pero llenos de agujeritos, como una ducha. Por los agujeros salía un humo gris que se diluía en el aire. De ahí venía el olor. Sentí nauseas y vomité en un rincón. Después pude volver a respirar con facilidad, pero seguía mareándose el olor. Yo estaba desesperado. ¿Qué destino me aguardaba?

Hasta entonces, no tenía ni la menor idea del aspecto de los desconocidos. Los cinco llevaban monos muy ajustados de una suave y gruesa tela gris con alguna franja negra. Se cubrían la cabeza con una capucha del mismo color, de un material más duro ‑no sé exactamente cual‑, reforzada por dos tiras metálicas colocadas detrás y con unos lentes redondos a través de los que me miraban fijamente con unos ojos que me parecieron azules.

De los lentes hacia arriba, la capucha era el doble de alta que en una cabeza normal. Quizás el casco llevaba algún aparato en su interior que no se distinguía desde fuera. Desde el centro de la cabeza les bajaban por la espalda tres tubos plateados, no sé si de goma o de metal, que se introducían en el mono a la altura de las costillas. El central caía a lo largo de la espina dorsal y los laterales, hasta unos diez centímetros por debajo de las paletillas. No pude ver escotadura ni saliente alguno que indicaran que pudieran conectarse a un recipiente o instrumento debajo del traje.

Las mangas eran largas y ajustadas y estaban rematadas por unos guantes de cinco dedos del mismo material que sin duda entorpecían el movimiento de las manos. Por ejemplo, pude observar que los hombres no podían tocarse la palma de la mano con las yemas de los dedos. De todos modos, eso no les impedía sujetarme con fuerza ni manejar agilmente los tubos de goma mientras me sangraban.

Aquellos trajes debían ser una especie de uniforme, ya que todos los miembros de la tripulación llevaban un escudo del tamaño de una rodaja de piña del que partía una tira de tela plateada o de metal que terminaba en un estrecho cinturón sin hebilla. Ninguno de aquellos trajes tenía bolsillos ni botones. El pantalón era muy ceñido y terminaba en una especie de zapatilla de tenis. Ahora bien, las suelas tenían un espesor de cuatro a siete centímetros. 

Los zapatos se alzaban ligeramente en la punta, aunque no tanto como los zuecos. Los desconocidos caminaban agilmente con ellos. Únicamente el mono parecía entorpecer sus movimientos, que parecían siempre un poco rígidos. Excepto uno, que apenas me llegaba a la barbilla, todos eran de mi estatura. Todos parecían robustos, pero no lo bastante como para intimidarme. En campo abierto, hubiera podido medir mis fuerzas con cualquiera de ellos.

Al cabo de una eternidad, el ruido de la puerta me saco de mi abstracción. Volví la cabeza y vi acercarse a una mujer. Estaba desnuda y descalza, lo mismo que yo. Yo me quede atónito y a ella pareció divertirle mi expresión. Era muy hermosa y muy distinta de las mujeres que conozco. Tenía el cabello suave y rubio, casi albino y le caía por la espalda, con las puntas dobladas hacia dentro. Llevaba raya en medio y tenía unos ojos grandes, azules y rasgados. La nariz era recta. Sus pómulos eran muy altos y la forma de su cara era exótica, mas ancha que la de las indias sudamericanas y casi triangular, con una barbilla muy puntiaguda. Los labios eran muy finos, casi sin dibujo y las orejas (que vi después) iguales a las de nuestras mujeres.

Tenía la figura más bonita que he visto en mi vida, con los pechos altos y bien formados, la cintura estrecha, caderas anchas, muslos largos, pies pequeños y manos delgadas de uñas bien formadas. Era mucho más baja que yo; su cabeza me llegaba por el hombro.

La mujer se acercaba y me miraba en silencio, como si quisiera algo de mí. De pronto me abrazo y empezó a frotar su cara contra la mía al tiempo que se apretaba contra mi. Tenía la piel blanca de nuestras mujeres rubias y pecas en los brazos. Yo solo notaba su olor a mujer; pero ni en su piel ni en su pelo había perfume alguno.

La puerta había vuelto a cerrarse. A solas con aquella mujer que tan claramente expresaba lo que quería de mi, me sentí muy excitado. Dada mi situación, eso parecía increíble aunque imagino que, eso se debía al líquido con el que me habían friccionado el cuerpo. Seguramente lo hicieron a propósito. Lo cierto es que yo no podía dominar el deseo. Nunca me había ocurrido. Finalmente, olvidándome de todo, abrace a la mujer y empece a devolverle sus caricias. 

El acto fue normal y ella se comporto como cualquier mujer, incluso después de repetidos abrazos. Hasta que el cansancio la hizo jadear. Yo seguía excitado, pero ella se me negó. Esto me serenó bruscamente  Con que para eso me querían, para semental que mejorara su raza. Aquello me enfureció, pero puse al mal tiempo buena cara, ya que la experiencia había sido muy grata. Ahora bien, yo prefiero a nuestras mujeres, con las que puedes hablar y te entienden. Además, había momentos en los que sus sonidos guturales me irritaban. Al parecer, tampoco sabía besar y solo me mordía ligeramente la barbilla. Aunque no estoy seguro de que esto tuviera el mismo significado.

Curiosamente, el vello de las axilas y del otro sitio era rojo, casi color de sangre. Poco después de que nos soltáramos, se abrió la puerta y uno de los hombres llamo a la mujer. Antes de salir, ella se volvió, se señaló el vientre; luego con una especie de sonrisa, me señaló a mi y, por ultimo, señaló al cielo, creo que hacía el Sur. Después se fue. Creo que con aquel ademán quiso indicar que volvería a buscarme para llevarme allí, no se dónde. Aún hoy tiemblo al pensarlo, pues si vuelven estoy perdido. Por nada del mundo quisiera separarme de mi familia y de mi tierra.

Entonces entró uno de los hombres con mi ropa bajo el brazo y yo me vestí. No faltaba nada, salvo el encendedor. (quizá lo perdí durante el forcejeo). Volvimos a la otra habitación, en la que tres miembros de la tripulación, sentados en las sillas giratorias, gruñían entre sí (seguramente, cambiaban impresiones). Mi acompañante se unió a ellos y pareció olvidarse de mi. Mientras ellos hablaban, yo procuraba grabar en mi memoria hasta el ultimo detalle. 

Me llamo la atención una caja cuadrada con tapa de cristal que había encima de la mesa. Tenía una esfera que recordaba la de un reloj y una sola manecilla y, en los lugares correspondientes a las tres, las seis y las nueve, había una marca negra, mientras que en el de las doce se veían cuatro pequeños signos negros, uno al lado del otro. Para qué, no lo sé pero así era.

Al principio creí que aquel instrumento era una especie de reloj, ya que uno de los hombres lo consultaba de vez en cuando. Pero luego comprendí que era imposible, ya que, mientras estuve allí; la manecilla no se movió. Entonces se me ocurrió la idea de apoderarme del objeto, ya que necesitaba una prueba de mi aventura. De haber podido llevarme la caja, mi problema hubiera estado resuelto. Si los desconocidos se daban cuenta de mi interés por el objeto, tal vez me lo regalaran. Me acerqué lentamente a la mesa y, mientras ellos miraban en otra dirección, cogí rápidamente el instrumento con ambas manos.

Era muy pesado, de más de dos kilos. No tuve tiempo de observarlo mas detenidamente, ya que uno de los hombres saltó sobre mí, me arrancó furiosamente la caja de la mano, apartándome de un empujón y volvió a ponerla en su sitio.

Retrocedí hasta la pared y me quedé quieto. No le tengo miedo a nadie, pero comprendí que sería mejor no buscar problemas. Se había demostrado que sólo me trataban con amabilidad si me portaba bien. En tal caso, ¿para qué exponerme a un peligro si, de todos modos, mi tentativa debía fracasar?. De manera que me quedé quieto, esperando. No volví a ver a la mujer, ni desnuda ni vestida. Pero creía saber dónde estaba. En la parte delantera de la sala grande había otra puerta que no estaba cerrada del todo y tras la que, de vez en cuando, se oía el ir y venir de unos pasos. 

Puesto que todos los demás tripulantes estaban conmigo en la sala grande, aquellos pasos solo podían ser de ella. Supongo que en aquella parte de la nave debía de estar la cámara de instrumentos; pero, naturalmente, no podía asegurarlo. Finalmente, uno de los hombres se puso en pie y me dio a entender que le siguiera. Los otros ni me miraron. Cruzamos la pequeña antesala. 

La puerta de acceso estaba abierta y la escalera, bajada. Pero no descendimos por ella, sino que mi acompañante me señaló una plataforma, situada al lado de la puerta por la parte exterior, que daba la vuelta a todo el aparato. Fuimos primeramente hacia delante y pude ver un saliente metálico cuadrado. En el lado opuesto había otro cuya forma me hizo pensar que podía ser el control de despegue y aterrizaje. Debo decir que nunca vi el aparato en movimiento, ni siquiera cuando se elevo, por lo que no me explico cuál pudiera ser su finalidad.

Cuando llegamos a la parte delantera, el hombre me señaló las tres púas metálicas que ya mencioné. Las tres estaban unidas a la maquina, y la de en medio directamente a la proa. Todas tenían la misma forma, ancha en la base y puntiaguda, y sobresalían horizontalmente. No podía decir si eran del mismo metal que la maquina. Aunque relucían como metal candente no despedían calor. Encima había unas luces rojas. 

Las dos laterales eran pequeñas y redondas mientras que la central, por el contrario, era gigantesca. Se trataba del faro que ya mencioné. Encima de la plataforma, en todo alrededor de la maquina, había innumerables lámparas cuadradas empotradas en el fuselaje que iluminaban la plataforma con su luz rojiza. Esta terminaba en la parte delantera, junto aun grueso cristal, incrustado profundamen­te en el metal y abombado. Puesto que no había ventanas, seguramente aquel cristal servía de observatorio, por mas que debía de ser difícil distinguir las cosas a través de él, ya que desde fuera se veía muy turbio.

Después de visitar la parte delantera de la máquina, nos fuimos de nuevo atrás (esta parte tenía una curvatura mas pronunciada que la delantera), pero antes nos paramos un momento pues el hombre señaló hacía arriba, donde giraba la enorme cúpula en forma de plato. Mientras giraba lentamente, estaba bañada en una luz verdosa cuya procedencia no pude describir. Se oía al mismo tiempo una especie de siseo, parecido al que produce un aspirador o el aire al pasar por muchos orificios pequeños.

Cuando la máquina se elevó, la velocidad de rotación de la cúpula fue en aumento, hasta que de ésta no se vio más que un resplandor rojo vivo. Al mismo tiempo, el ruido aumentó hasta convertirse en un estridente aullido, por lo que comprendí que la velocidad de la cúpula estaba en relación de causa a efecto con el ruido. Cuando lo hube visto todo, el hombre me llevo a la escalera de metal y me dio a entender que podía irme. Cuando hube bajado a tierra, me volví. 

El hombre seguía allí. Entonces se señaló a si mismo, a mi y al cielo en dirección Sur, me indicó que me retirara y desapareció en el interior del aparato. La escala de metal empezó a subir, los peldaños se replegaban unos sobre otros. Cuando estuvo recogida la escala, la puerta que, abierta, formaba una rampa, se elevó quedando perfectamente encajada en la pared. Las luces de los espolones metálicos, del foco principal y de la cúpula se intensificaron a medida que aumentaba la velocidad de rotación de esta última. El aparato se elevó lentamente en sentido vertical mientras el trípode se replegaba y la superficie inferior de la nave quedaba tan lisa como si el tren de aterrizaje no existiera.

El objeto volante se elevó lentamente hasta unos 30 o 40 metros y permaneció unos segundos estático, mientras aumentaba su luminosidad. El zumbido subió de tono y la cúpula empezó a girar a gran velocidad, al tiempo que su luz se hacía intensamente roja; el aparato se ladeó ligeramente, se oyó una pulsación rítmica y, bruscamente, la nave salió disparada en dirección Sur. A los pocos segundos, había desaparecido.

Volví a mi tractor, había subido al extraño aparato a las 1.15 y ahora eran las 5.30 de la madrugada. Es decir, me habían retenido durante cuatro horas y quince minutos. Mucho tiempo. Solo conté lo sucedido a mi madre. Ella dijo que sería mejor no tener más tratos con aquella gente. A mi padre no me atreví a decirle nada. Ya le había hablado de la luz y el no me creyó; dijo que seguramente eran figuraciones mías.

Más adelante, decidí escribir al senador Joa Martins. Había leído su artículo publicado en el Cruzeiro de noviembre, en el que invitaba a sus lectores a que le informaran de sus experiencias con platillos volantes. De haber tenido más dinero, hubiera venido antes a Río; pero tuve que esperar a que el se ofreciera a pagar una parte de los gastos de viaje.

El caso fue investigado por dos médicos y  ufólogos Cariocas , Fuentes Olavo y Walter Buller, quien a través de exámenes realizados a Antonio Villas Boas diagnosticaron, exposición a la radiación, lo que dio lugar a insomnio, cansancio, dolor de cuerpo, náuseas, dolores de cabeza, pérdida del apetito, ardor en los ojos, lagrimeo y lesiones permanentes en la piel.

También aparecieron manchas amarillentas en el cuerpo, que tomaron entre 10 a 20 días para desaparecer.  Las lesiones siguieron apareciendo durante meses,parecían pequeños nódulos rojizos, más duro que la piel alrededor, protuberantes, y dolorosos al tocar. Cada una con un pequeño orificio central produciendo una pequeña descarga acuosa amarilla. La piel que rodea las heridas presenta "una área violeta hipercromática."  

Pasaron los años y Antonio Villa Boas, se recibió de abogado, se casó y tuvo 4 hijos, aparentemente por décadas se mantuvo sano, y luego cayó enfermo debido a una enfermedad muy particular y extraña; por la cuál fué llevado incluso a los EE.UU, para realizar un tratamiento, lamentablemente su estado empeoró, y falleció en 1992, a causa de las complicaciones de su enfermedad.

Realmente el relato de Villa Boas parece extraído del guión de una película de ciencia ficción, los detalles en cada momento de su relato, hacen que uno pueda imaginar cada despacito de esa historia.

Pero el caso es verídico , y sigue siendo un misterio y un punto de referencia en nuevos casos,  para los investigadores ufológicos.
Villa Boas defendió su historia hasta el día de su muerte, nunca se contradijo. A pesar del paso de los años, no especuló con la misma, no se paseó por los programas de televisión, y no cobró por ello, 

Espero que les haya resultado interesante ésta nueva publicación con éste caso un poco dificil de creer , pero que lamentablemente fué real.


Nunca pensé que seria muy fácil y sencillo sin tener que recurrir  a ejercicios 

Reducir el consumo de sal

La sal se encuentra en cada cocina y es muy importante y aditivo saludable. Pero demasiada sal puede conducir a la retención de agua y la desproporción de sal y agua. Todo esto le hará hinchado. También con el consumo de alimentos procesados ​​como aperitivos, comidas rápidas, comida congelada, etc. se entra en cantidad excesiva de sal.
Diga adiós a la grasa abdominal para siempre.

Bebe mas agua

Beber más agua le ayudará en el desempeño de los fluidos que harán de su plano vientre. El cuerpo necesita más agua cuando es deshidratado. Trate de beber no menos de la mitad de su peso corporal medido en onzas. Por ejemplo, si usted pesa 120 libras. usted debe beber 60 onzas de agua cada día.

Dejar de comer chicles

Cuando se mastica goma que tragar aire y va hasta el estómago y se convierte en hinchada de manera similar a la voladura de un globo .Y no lo vas a creer, pero el gimnasio, que es libre de azúcar es peor.

Tomar manzanilla después de cada comida:

La manzanilla es excelente digestivo, te hablamos más de este maravilloso remedio
MIRA EL VIDEO:


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Las ortodoncias de metal tienen muchas ventajas y beneficios,  los dientes bien alineados hacen más fácil masticar los alimentos, ayuda las dificultades del habla y reduce la posibilidad de astillar los dientes frontales. Como cualquier tratamiento, sin embargo, la ortodoncia puede tener muchos efectos secundarios muy peligrosos. Tener frenos de metal y níquel en la boca por un largo tiempo trae algunas complicaciones severas a la salud. Tener unos dientes alineados y saludables, puede representar un peligro mortal si es que se recurrió a usar frenillos paras lograrlo. No tienes idea de lo dañino que estos metales pegados a los dientes pueden llegar a ser

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La facultad de odontología de la Universidad de Buenos Aires, se enteró de un caso que llegó al hospital general de la provincia de la ciudad, donde un paciente de 31 años de edad presentaba un extraño osteosarcoma (tumor canceroso desarrollado en el hueso) en la mandíbula y en el maxilar superior. El hospital informó al centro de estudios de la universidad, que esta tumoración tenía presencia de ciertos metales y minerales que era imposible que los generara el cuerpo. Los doctores oncólogos, al no saber nada respecto de este tipo de anomalías decidieron consultar a los odontólogos por posibles causas.Cuando la facultad de odontología atrajo el caso para estudiarlo, se dieron cuento de una ligera deformación en la dentadura, dientes móviles o flojos, y el paciente alegaba un fuerte dolor al masticar. El cáncer ya era un hecho, y lamentablemente había hecho metástasis y se había propagado por toda la boca. La presencia de una fuerte cantidad de níquel, flúor, metal, y metaloides en el tumor, fue lo que llamó la atención de los doctores y los odontólogos, pues estos son los compuestos esenciales de los llamados frenos o brackets. Durante una entrevista de evaluación, el paciente declaró haber usado brackets durante más de 5 años de su vida…
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Esto hizo que los odontólogos profundizaran más acerca de la causa del tumor, y descubrieron que los frenos desprendían una pequeña cantidad de los elementos encontrados en el tumor cada vez que se consumían alimentos de alta acidez. Alimentos como las salsas, café, grasas, frituras, carnes rojas etc…La conclusión del estudio reveló que el ser portador de brackets por un periodo largo de tiempo, y consumir ciertas comidas durante el proceso de rectificación dental, deriva en un inevitable cáncer de boca.¡Por favor no dejes de compartir este articulo! 


Nuestro jarabe casero seguro te hará bien si está muchas veces molestado con exceso de moco y tos. El mismo es seguro para los niños y los adultos.
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Las zanahorias son una excelente técnica para aquellos que se ocupan de la hipertensión y para los diabéticos.
 El jugo de zanahoria tiene una mayor concentración de nutrientes en lugar de consumir la materia prima vegetal, por lo que siempre optar por un jugo de zanahoria fresca.


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¿QUÉ HACE QUE ESTOS VEGETALES SEAN TAN BUENO PARA USTED?

– La desintoxicación 
– Las grandes cantidades de calcio mejoran la digestión 
– Alto contenido de vitamina beneficiosa para la piel 
– Piel libre de acné 
– Prevención del cáncer 
– Disminución del colesterol 
– Salud cardiovascular 
– Aumento en la inmunidad

RECETA DE JARABE 

Ingredientes
– Un poco de agua 
– La miel 3-4 cucharadas orgánica 
– ½ kg de zanahorias

Instrucciones
Pelar y hervir las zanahorias hasta que estén blandas preservando el líquido que se cocinan. Luego hacer un puré bien con las zanahorias. Mezclar 3-4 cucharadas de miel orgánica en el agua donde se cocinaron y añadir el puré de zanahoria. Coloque en un lugar frío. 

DOSIFICACIÓN:
Usted debe consumir de 3 a 4 cucharadas de la solución y se sentirá mejor en tan sólo 1 ó 2 días. Este poderoso remedio alivia la tos y elimina las mucosidades tenaces en los pulmones.

¿Alguna vez has hecho una olla llena de espinacas o sopa de hongo y no te la pudiste comer el mismo dia de prepararla, por lo que dejas un poco para el dia siguiente ?


Al día siguiente, sólo tienes que calentarla y ya está lista para comer, pero sabias que ahy alimentos recalentados que podrian envenenarte.

6 Alimentos Que No Deben Ser Recalentado


1. Pollo

El pollo si se recalienta cambia su composición de proteínas. Por lo tanto, si lo vas a recalentar haslo a fuego lento.

2. Patata
Las patatas no deben calentarse porque a pesar de perder sus propiedades nutricionales, pueden llegar a ser tóxicos.

3. Espinacas
La espinaca es una verdura con un alto porcentaje de nitrato y cuando se recalienta se convierte en nitritos. Esto no es nada saludable para nuestro cuerpo, por lo que es recomendable consumirlas frescas.

4. Remolacha
Al igual que la espinaca, la remolacha también está llena de nitratos que llegan a ser tóxicos para el cuerpo si se vuelven a calentar.

5. Apio

El apio, que se utiliza comúnmente en una sopa debe ser eliminado completamente de esta si la vas a recalentar, ya que tambien contine nitratos el cual al recalentarse se convierte en nitritos.

6. Huevos
Los huevos al ser recalentados es de alto riesgo ya que llegan a ser tóxicos cuando se exponen a altas temperatura.


Actualmente más de medio millón de pe perdonas están padeciendo alguna de estas enfermedades de cada país. Por lo que son consideradas enfermedades de gran impacto a nivel mundial y un problema no solo para las personas que las padecen sino también para especialistas que las tratan y buscaban sin descanso encontrar la cura. No obstante a pesar de ser una enfermedad que afecta a tan grande población mundial los especialistas en el área de nutrición habían logrado controlarla cada día más en realidad si los pacientes llevan sus dietas y tratamientos a la regla de su especialista pueden llegar a superarla y tener una vida anormal, sin preocupaciones. Siempre que no descuide su tratamiento.

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La anemia, es una enfermedad que se produce en el cuerpo humano por la falta de glóbulos rojos, lo que hace daño al cuerpo puesto que los glóbulos rojos tienen la función de llenar de oxígeno a los tejidos corporales. Actualmente existen tipos de anemia.

La diabetes, se produce por la falta de insulina en el páncreas o por el mal funcionamiento de este organismo puesto que las células no responden de manera normal. Se conocen 2 tipos diferentes de diabetes una de ellas es “Diabetes millistus tipo1” la cual normalmente ataca al cuerpo antes de cumplir los 35 años de edad, y segundo “Diabetes millistud 2” esta es un tipo de diabetes que usualmente se refleja en los pacientes después de los 40 años.



La obesidad, normalmente se presenta en el cuerpo de las personas que no llevan una alimentación saludable y balanceada. Lo que con el tiempo de va convirtiendo en grasa corporal y mientras más se acumula más engorda pues el cuerpo no puede aguantar la grasa sin engordar, aunque para muchas personas parece que es una enfermedad indefensa es todo lo contrario esta enfermedad puede llegar a matarte si no es controlad a tiempo, por lo que se considera que se puede volver una enfermedad letal si la persona se descuida.



Sin embargo, las preocupaciones por estas enfermedades han llegado a su final, puesto que de acuerdo a los resultados de las últimas investigaciones esta es la cura definitiva de todas estas enfermedades, La cura se conoce como Spirulina, de acuerdo a los resultados obtenidos esta es un complemento dietético, elaborado principalmente por cianobacterias, entre otros ingredientes. El proceso es fácil, pues solo debe ser incluida en sus alimentos con lo que elimina la posibilidad de sufrir de estas enfermedades. Consulte a su médico antes de iniciar el tratamiento.


Aunque sea inmunda, tenés que saber de qué se trata y como te liberás del bicho pues, si ya no debutaste, puede que eso ocurra en estas vacaciones. 
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No andes por ahí buscando una mosca como la de la foto,  porque no es una mosca la que te zampa el parásito, sino un mosquito; un mosquito cualquiera porque a la “Dermatobia hominis” le viene bien cualquiera de ellos, con tal que tenga la costumbre de picarnos cuando nos hacemos una siestita en algún balneario de Rocha. Quizás este parásito y los incendiarios destructores de bosques, sean  lo único malo que tiene ese formidable departamento.
Cuando yo era muchacho, suponíamos que la “mosca del gusano” era una porquería que nos venía desde el otro lado de la frontera; ni siquiera del Chuy o Santa Victoria del Palmar, sino de mucho más adentro del país vecino. Pero ahora, se registran casos en Maldonado y hasta en Canelones, como si la mosca hubiera comenzado a migrar siguiendo el supuesto “calentamiento global”.
También veo que se hacen un drama y que poco menos que te mandan a un quirófano para que te saquen al inmundo gusano, cuando en realidad basta un pedacito de esparadrapo (cinta adhesiva) cubriendo  el orificio por donde el bicharraco asoma para respirar. Pasadas 24 horas, retirás la tira y si lo hacés con habilidad es casi seguro que el gusano sale, pegado al adhesivo. Otros aseguran que da mejor resultado fijar un pedazo de tocino, pero a mí me parece que se agrega otra inmundicia sobre la piel. Sin embargo, es de toda lógica que el gusano penetre el tocino buscando aire y allí se quede hasta que vos lo retires.
¿Y tenés que aguantarte al gusano comiéndote vivo durante 24 horas, en lugar de sacarlo ya mismo a los tirones? Sí señor, conviene  aguantar… o ponerse abundante éter o novocaína, para que a vos no te duela y logres desmayar al bicho y sacarlo directamente con una pinza. Pues bien, yo tengo una larga experiencia con esta “mosca del gusano” y dejame que te recomiende el esparadrapo.
Pero esos anestésicos disminuyen la posibilidad de que el gusano, desesperado por la falta de aire, se acurruque y quede pegado al adhesivo tras su muerte. Entonces, cuando retirás el esparadrapo, también sale ENTERO el gusano. Si tenés que tironear, es posible que parte del gusano te quede dentro del agujero que cavó. Y eso te puede producir infecciones, además de que es otra inmundicia más. Sacado el esparadrapo y el gusano, ahora sí, date una refrescante biaba del desinfectante que más bronca te dé.
El peligro son justamente las infecciones, que no suele causarlas ni el mosquito ni el gusano, sino otros agentes que aprovechan la herida abierta.
Ahora hablemos un poco de este bicho, el Dermatobia hominis, con la información que proporcionó el Dr. Pablo Pera Pirotto en una nota que publicó nuestro hermano mayor, El País impreso y abundando un poco más con fuentes que también se mencionarán al final, como es costumbre.  La responsabilidad en última instancia le corresponde a una mosca grande, de color negro azulado, con cabeza y patas amarillentas. Pero no es ella la que pica e implanta el huevo, porque no tiene ningún órgano capaz de provocar la herida inicial.
Fijate que ingenio el de la inmunda Dermatobia: se agarran al primer mosquito (ocasionalmente también moscas) que pasa cerca y lo inmovilizan abusando de su tamaño, hasta que le implantan entre 15 y 30 huevos. Luego ese huésped pasajero se posa en vos para darte una probadita de sangre, momento en que  el calor de tu cuerpo pone en acción a las larvas. Una de e ellas puede colonizar la picadura del mosquito o la herida hallada por la mosca, haciendo su hogar en el tejido subcutáneo. Las larvas no tienen mucha preferencia, pueden colonizar gente, ganado vacuno, perros y gatos y con mucha frecuencia a tus hijos, que solo se dan cuenta de lo que pasa cuando les pica mucho lo que parece un granito con boca abierta, como un volcán en miniatura.
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Entonces te llaman y vos no podés dar crédito a lo que estás mirando. Por el agujerito asoma cada tanto un inmundo gusano. Entonces, horrorizada/o, apretás con los pulgares y lográs que el gusano asome más… pero no conseguís arrancar otra cosa que los gritos de tu hijo o el aullido desesperado de tu perro.
Te advierto que terminás de meter la pata y para que resistas esa natural tentación, es que estamos escribiendo este artículo. Fijate la facha del gusano, con un montón de ganchos en la grotesca cintura. Todas las moscas de gusano que yo ví y combatí como amante de la costa rochense, tenían además, dos ganchos mucho más grandes en el extremo opuesto, en la profundidad de tu carne, prendidos a ella con notable eficiencia. Algunas ilustraciones muestran otros que no tienen esos dos ganchos finales, lo que me hace pensar que hay más de una variedad.  Si seguís haciendo fuerza, reventarás al gusano y parte de él quedará en el fondo de la herida, con las consecuencias previsibles.
Si lo tenés en la cabeza,  donde no es posible fijar el esparadrapo sin afeitar el cabello, habrá que intentar retirarlo entero con pinza. Pero no olvides luego desinfectar en abundancia.
¿Y si fueras un horrible padre y no hicieras absolutamente nada? Te servís otro whisky y le pegás unos gritos al nene molestoso; es decir, en el caso de que fueras un inconsciente total, o como en el caso de un vacuno, no tuvieras a nadie que se ocupe de vos; entonces lo que ocurriría pasadas ocho semanas, sería que la larva ya desarrollada sale por sus medios del nido y se arroja al suelo, se transforma en crisálida y luego en mosca para continuar su ciclo. Sin ninguna otra consecuencia que la molestia y el asco.
Porque es muy raro que el gusano cause una infección, pues exuda una sustancia milagrosamente antibiótica. La naturaleza no haría algo contrario a su sino, que es el de reproducir y reproducir, lo bueno, lo malo y lo peor. Porque no es tan santita, ella. Por eso, pasaría casi desapercibido si no fuera por su necesidad de asomar para respirar.
Si hay infección, no lo dudes un instante, llevá al nene a un médico.  Te recetarán algún antibiótico y algún tratamiento local. Quizás sepa extraerla aspirando  con una jeringa de goma luego de adormecerla. También hay que ir a un médico cuando el gusano se instala en lugares tan recónditos como debajo de una uña,  en el cuero cabelludo o, en la peor de las desgracias, en la comisura de un párpado, cosa que no es frecuente, pero tampoco tan extremadamente rara como se podría suponer.
¿Cómo se puede evitar este parásito? ¿Te sirve que te diga que no vayas nunca más a la playa? ¡Claro que no te sirve! El gusano será inmundo, pero no ir a la playa no está en la esencia de ningún uruguayo, mejor andá tratá de no dormir sin algún pijama que te cubra bastante, dale de punta a los espirales y todo el arsenal antimosquito y tené presentes estas recomendaciones. ¡Decile no a los pulgares! ¡No apretes al gusano!
Averiguamos un poco más sobre este bicho

DE ATREVIDO NOMÁS, ME ANIMO SUPONER QUE NO ES UN BICHO ORIUNDO SINO IMPORTADO Y POR LO QUE ENCUENTRO EN INTERNET, PARECE QUE ESTÁ MUY EXTENDIDO EN AMÉRICA LATINA. EN MÉXICO LO CONOCEN COMO “MOYOCUIL”, EN PROVINCIAS ARGENTINAS LA LLAMAN “URA”, EN COLOMBIA LE DICEN “NUCHE” O “TÓRSALO”; EN BRASIL LA CONOCEN COMO “BERNE”.

También la llaman “Rezno” o “Mosca de la muerte”, pero tengo la sospecha de que estamos hablando de variedades ligeramente diferentes, aunque a todas les asignan el nombre científico de Dermatobia hominis. Se la podrá considerar asquerosa y molesta, pero mortífera no es. Una de las fuentes asegura que puede penetrar el cuero cabelludo y llegar al cerebro, agresión inimaginable para nuestra mosca del gusano, que no podría penetrar el hueso ni podría respirar en el caso de que llegara a él. Tampoco te sorprenda que en internet se publiquen disparates.
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